Oliverio era exigente,

demasiado,

pedía cosas imposibles,

y a la que no lo lograra,

no la perdonaba.

Yo no no pido tanto,

casi nada,

no quiero una modelo,

los esqueletos en la cama

me asustan un poco.

Yo no pido tan poco,

casi nada,

no quiero que incline

definitivamente la cama,

y no escapar del mar de piel.

Oliverio jugaba,

demasiado,

sus personalidades lo perturbaban,

salvo una ocasión,

el trencito lo salvaba.

Yo no pido tanto,

casi nada,

no deseo que me idolatren,

mi ego esta en buen estado,

me basta una mirada.

Yo no pido tan poco,

casi nada,

espero que me busquen,

para encontrar mi cara.

Un beso evita palabras.

Olivero deambulaba,

demasiado,

pasaba por los espantapájaros,

buscando a la que vuela.

¿La habrá encontrado?

Yo no perdono tan poco,

casi nada,

que vuele no me importa,

que me lleve

si se le da la gana.

Yo no pido tanto,

casi nada,

que piense es lo importante,

que discuta lo que digo,

que me deje sin palabras.

Río IV 16/11/2008

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