Hace un tiempo se me ocurrió escribir algo como esto:

Llamado

 

Leyendo, viendo documentales, estudiando cosas que no son de mi área he descubierto la pólvora en saquitos, como dirían algunos. Nuestras generaciones, la de los menores de 40, tenemos un desafío que no podemos dejar de lado. Tenemos que darle forma al siglo XXI.

 

El primer paso es darle nombre a lo que nos dejó el siglo XX, pero para eso debemos hacer el paso cero, que es preguntarnos ¿Qué nos dejó el siglo XX? Estoy hablando de manera global, no solo local. Pero tenemos que empezar de manera local. Tenemos que empezar a ver como cambio nuestro barrio, nuestra cuadra, nuestra casa a lo largo de los últimos 100 años. Como cambió la gente, y como cambió el paisaje. Tenemos que juntar esas vivencias y ponerlas por escrito. Tenemos que contar nuestras realidades.

 

Tenemos que escribir y tenemos mucho que contar, pero más tenemos que escuchar. Las realidades históricas de un puñado de personas que nos rodean quizás no sean muy distintas de las de los otros seis mil quinientos menos un puñado. Quizás los cambios sean muchos. Pero lo importante es que aprendamos y entendamos todas las realidades que estén a nuestro alcance, y que mostremos la nuestra.

 

El paso cero de este llamado es que escribamos nuestras realidades cotidianas y si se puede las históricas, y que tratemos de que el resto de la gente las pueda ver. El paso uno es que tratemos de sintetizar esas realidades propias y ajenas.

 

El paso dos es ver como las superamos, como podemos mejorarlas. Pero no la de lo que me rodea, sino la de todos.

 

Yo pienso que si el planeta sigue el camino con el que viene nuestros hijos no van a sobrevivir. Hablo de hijos en el sentid amplio y generacional de la palabra. Así como puedo hablar de mis hijos europeos, puedo hablar de mis hijos africanos. Como cuando uno habla del hermano humano.

 

Yo creo que el paso tres es ver como revertimos ese camino. Como hacemos que la vida, incluso la propia deje de ser una mercancía. Si nuestra vida no es mas un bien de consumo para el mercado la ajena lo va a dejar de ser, se que lo mío es egoísta.

 

El cuarto paso sería ver el como llegamos a eso, aunque quizás sea siendo el paso menos uno. Hay movimientos en este momento que son muy interesantes, pero que quizás esten dando el cuarto paso sin haber planteado el segundo y el tercero.

 

No me malinterpreten, no es que crea que la acción deba estar subordinada al pensamiento

 

En este momento, en este preciso instante quizás sea demasiado tarde. Pero después va a ser peor.

 

Ahora no estoy tan seguro.  No me se confundan, no es que crea que todo va bien. Es que no se si eso va a ser suficiente. Me explico mejor, mejor me explico.

 

El sistema socio-económico imperante en este momento  hace que sea imposible vivir sin generar ganancias a los mismos que están destruyendo el planeta y condenando a más de media humanidad a morir de hambre.   Porqué, me preguntarán. Por qué es imposible volver a vivir en una comunidad autosuficiente. Por que si utilizas energía eléctrica marchan los dolares a las petroleras  carboneras. Por que si comes algo, marchan los dolares a las empresas de agroquímicos, las que patentan genes, las petroleras y espero de no olvidarme alguna más.  Por que si te enfermas, vuelta los dolares a las que patentan genes, pero también a las que patentan medicamentos e impiden mediante esta técnica el acceso a más de media humanidad a no acceder a una cobertura mínima de salud.

 

Es decir, cuando Lenin escribió su “Que hacer” no era una pregunta, tenía varias opciones y se decanto por un grupo de opciones. También tenia una clara tiranía contra la que luchar, tiranía que mantenía a Rusia en la  Edad Media. En este momento, la tiranía del “mercado” es más sutil, pero a la vez más amenazante. Mientras la vida sea una mercancía más si no ganas más dinero que el “valor de mercado” de tu vida no llegas a quedarte con ella. Suicidarte no es una opción, matarlos tampoco. Entonces surge la pregunta más importante ¿Qué hacer? Se aceptan respuestas, sugerencias, indicaciones, correcciones, etc., siempre que sean pensadas.

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